Concurso de redacción de la Fundación José Tomás
Sobre la Igualdad de Géneros, en colaboración con la Comisión de Igualdad del Parlamento y la Junta de Andalucía.


Estos son algunos de los miembros del jurado que nombró a los afortunados ganadores, entre los que se encuentran nuestros alumnos: José Tomás, El consejero de Educación y Carmen Calvo, presidenta de la Comisión.

Los premios: Estos son los estupendos premios de este concurso:
1º Especial: Viaje a París y portátil.1º: Viaje a París2º: Ordenador portátil. Para Aída Rivas, 4ºA3º: Mountain Bike. Para Álvaro Segura, 4ºB¡¡No está mal!!

Redacción Aída
Un buen día mi profesora me habló de un concurso de redacción que debía tratar sobre la igualdad de géneros; y me puse a pensar en lo que significa esta afirmación. Y pensando y observando mi instituto, mis amigos, mi familia, mi vida, me di cuenta de que:

Hoy en día, nuestra sociedad quiere hacernos creer que la educación entre niños y niñas es igual, pero no es así, aún queda muchísimo camino por recorrer. El mundo progresa muy despacio y normalmente todo conlleva su tiempo; modificar hábitos, costumbres sociales, religiosas, etc. suele ser un proceso lento que abarca generaciones y generaciones.

Antiguamente, la educación era, básicamente, para hombres, puesto que las mujeres recibían en la casa todo lo que una mujer debía saber, esto es, coser, cocinar, ser madre y esposa. Los hombres tenían todos los derechos, y las mujeres, cuando accedían a las escuelas, las abandonaban en el momento de contraer matrimonio. Y esto, sorprendentemente, aún pervive en nuestra sociedad, en pleno siglo XXI.

Este hecho debe cambiar, la educación es un derecho fundamental y un deber, un derecho de la propia vida. La educación se ha de dar a la persona, sin importar el sexo con el que se ha nacido; toda persona tiene derecho a recibir una misma educación. El que piensa en la desigualdad, el machismo o el feminismo, es ignorante, ignora que el sexo viene determinado por un cromosoma y no por la educación.

En un mundo tan desarrollado científica, cultural y socialmente como este, la desigualdad no tiene cabida, porque todos nacemos iguales, somos iguales, personas. Personas a las que hay que darles los mismos valores para su buena educación, como el respeto, la convivencia, el esfuerzo, la equidad o la utilización razonable de la libertad.

La educación tiene que fomentarse en las instituciones de educación del gobierno, sobre todo porque esto, el saber y la cultura, van unidas, son inseparables.
Son los gobiernos los que tienen que mejorar muchísimos aspectos en el ámbito de la educación, en la que aún hay síntomas de desigualdad; hay muchos talleres o cursillos en los que ser mujer o hombre te puede beneficiar o perjudicar, como por ejemplo cursos de mecánica, peluquería... debido a que los puestos de trabajo ofertados suelen ser para el sexo tradicionalmente predominante en ese trabajo. Por ejemplo, al ser hombre, se tiene más posibilidades de ser admitido en un curso de mecánica antes que en uno de peluquería. Estos son detalles que el gobierno tiene que mejorar.
Por otro lado, de todos es sabido que hay puestos de trabajo desempeñados por mujeres que están peor remunerados que si lo realizara un hombre; ¿por qué se tiene que admitir esto? Quizá se debe a que a la mujer se la ve menos capacitada que al hombre.
La educación de una persona ha de ser recibida desde que se nace, en la casa, con los padres... pero hay veces en las que no se les da la adecuada. Un buen ejemplo es cuando un hijo le pide a su madre un juguete de niña y la madre ( y, sobre todo, el padre) no se lo da ; cada niño juega con el juguete que le gusta, no se va a convertir en “mariquita”.
Otro caso importante de educación o, mejor dicho, de mala educación, es la forma de machismo que provoca un hecho gravísimo y uno de los más significativos de una educación equivocada: la violencia de género, lacra de nuestra sociedad.

Una mala educación “mamada” y recibida desde la infancia puede alterar y “adulterar” la
personalidad y, en consecuencia, su entorno; y sus hijos e hijas podrían sufrir sus consecuencias, porque los niños y las niñas hacen y dicen lo que ven en sus padres.

Y después de todas estas reflexiones, creo que será acertado que yo reciba un educación igualitaria y que, cuando llegue mi momento, sea yo quien la transmita. Y así contribuiré a la eliminación de tanta desigualdad, injusticia, machismo, violencia... porque todo está en nuestras manos.

Redacción álvaro

El tema de la coeducación es un tema muy interesante y de ferviente actualidad, aunque, a mí, personalmente, no me gusta utilizar este término, ya que, al fin y al cabo se está educando simplemente a un ser humano u otro, sin distinciones de sexo, raza, edad, procedencia, etc.

Pero si utilizamos esta palabra para definir el tipo de educación que trata a niños y niñas de la misma manera, estamos fomentando la igualdad de género desde la más temprana juventud; por tanto, es muy bueno comenzar lo antes posible, para que dentro de dos o quizá tres generaciones esté tan totalmente integrado que ya no se hable de esto, sino que esté tan incrustada en la sociedad que no se la tome en cuenta debido a que no se sabrá qué es la educación sin igualdad de condiciones entre los distintos géneros.
Por este motivo se debe implantar, no políticamente, sino educativa y socialmente, un plan de igualdad que trate a los dos sexos de igual manera, y así, finalmente, algún día se llegará a conseguir esa utopía que nos parece hoy en día y que es la total igualdad entre chicos y chicas.
Para concluir, me gustaría resumir todo este texto en una única y sencilla frase:
¿Coeducación? Simplemente educación.