JOVEN, TU RELACIÓN DE PAREJA ES...
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DE CONTROL Y PODER DESIGUAL
Violenta

Si la otra persona...
EQUITATIVA, JUSTA Y DE RESPETO
No violenta
Si la otra persona...
Te prohibe salir con tus amistades y familiares o te exige pedirle permiso para hacerlo.
Respeta tu derecho a tener amigas y amigos y actividades propias.
Te prohibe usar cierto tipo de ropa o se molesta si lo haces.
Respeta y acepta tu forma de vestir, aunque no siempre le guste y lo exprese.
Se pone celoso de todo el que se te acerque.
Confía en ti y en el valor de la relación que compartís.
Presiona para tener relaciones sexuales o te obliga aunque hayas dicho que no.
Aunque exprese su deseo de tener
relaciones sexuales, acepta tu no.

Si tenéis relaciones sexuales, él decide cuándo o cómo tenerlas.
Sólo tenéis relaciones sexuales por mutuo acuerdo y deseo.
Si tenéis relaciones sexuales, no se responsabiliza de controlar los embarazos y de evitar las enfermedades de transmisión sexual.
Si tenéis relaciones sexuales, comparte la responsabilidad de controlar los embarazos y de evitar las enfermedades de transmisión sexual. Respeta tu derecho sobre tu cuerpo.
Siempre está dispuesto a responder afirmativamente a acercamientos sexuales de otras chicas.
Sabe decir NO a acercamientos sexuales no deseados o no convenientes.
Decide cómo usar el dinero de ambos o paga siempre, controla el dinero.
Comparte las decisiones económicas y los gastos.
Se altera, insulta y grita, cuando discuten sobre algo.
Utiliza estrategias no violentas de solución de conflictos como el diálogo y la negociación.
Siempre quiere tener la última palabra en las discusiones, no considera tus sugerencias.
Respeta las diferencias, toma en cuenta tus opiniones e ideas. Se expresa sin violencia y sin intimidar.
Te empuja o golpea.
Respeta tu valor como ser humano, respeta tu cuerpo y tus sentimientos. Controla las expresiones violentas de agresividad o coraje.
Piensa que el hombre es de la calle y la mujer de su casa.
Reconoce tu derecho a la libertad y a cuidarte por ti misma. Apoya tus proyectos y decisiones. Cree en la igualdad entre hombres y mujeres.



ENSEÑAR A SER IGUALES
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  • Sin lugar a dudas, queremos en igual medida a nuestras hijas e hijos, sean niños o sean niñas, pero ¿les educamos para ser iguales?
  • Cuántas veces habremos oído o pronunciado algo similar a “he educado a varios hijos y lo que me ha servido con uno no me ha servido con el otro, ni con el otro…”.
  • Cada persona, cada hijo y cada hija es diferente a cualquier otra persona, indistintamente de su sexo. Y de eso trata coeducar, de enseñar a nuestras hijas e hijos que sus diferencias están en otros aspectos que no son su sexo,en poner a su disposición las mismas oportunidades, en ayudarles a convertirse en adultos y adultas que conviven en igualdad.
  • No se trata de tener que hacer lo mismo con todos nuestros hijos o hijas sino de no marcar diferencias que puedan condicionar su desarrollo y sus oportunidades en la vida adulta.
  • Aún persisten en la actualidad algunos estereotipos acerca de lo que corresponde hacer, sentir y pensar a una niña o a un niño, a un adolescente o a una adolescente, a una mujer o a un hombre. Siguen existiendo profesiones consideradas de mujeres y cargos o puesto directivos o de relevancia en los que la preponderancia es masculina... Educando desde la infancia conseguiremos prevenir estas y otras asimetrías y desigualdades que siguen apareciendo en nuestra sociedad. Pero ello implica un ejercicio de atención y toma de conciencia de estas situaciones e ideas, que en una medida u otra, todos y todas tenemos interiorizadas. (Sigue sorprendiéndonos un niño al que le guste el rosa. Exclamamos lo guapa que está una niña con su vestido y sus coletas pero pensamos “¡qué bicho!” si tiene el pelo corto y lleva chándal).
  • Lo cierto es que hay que intervenir sobre todas las áreas y agentes socializadores: la familia, la escuela y otros que resultan más inaccesibles (medios de comunicación).
  • En el entorno familiar la intervención se puede dirigir a diferentes aspectos:
  1. La elección y uso de los juguetes y los juegos por su importante papel en la transmisión de los valores culturales y sociales. Nuestra función como educadores y educadoras será el propiciar que nuestras hijas e hijos ocupen su tiempo de ocio con las actividades, juegos y juguetes que respondan a sus intereses y gustos. No se trata de que nuestro hijo tenga muñecos o de apuntar a nuestra hija a fútbol a pesar de que no tengan el menor interés, sino de facilitarles estas opciones entre muchas otras a fin de que puedan elegirlas si es su deseo.
  2. Tendemos a pensar que la publicidad tiene un papel decisorio en lo que interesa a nuestros hijos y nuestras hijas, y sin duda, su relevancia es mucha. Suele explicitar claramente a quién va dirigido, reduciendo las posibilidades de que menores del sexo opuesto se sientan atraídos por el juguete. Sin embargo también nosotras y nosotros tenemos mucho que decir al respecto. Será más probable que los hermanos y hermanas jueguen juntos a las casitas si en el entorno familiar tanto el papá como la mamá limpian, cocinan, lavan… que si estas tareas están asignadas a uno de los dos sexos. Proporcionarles un modelo de comportamiento igualitario es de gran relevancia no sólo para el juego en la infancia sino también para el desarrollo de la corresponsabilidad. Lo cierto es que también en la edad adulta las aficiones parecen hechas para ellas o para ellos, pero quién sabe si seguirá siendo así cuando nuestros hijos y nuestras hijas sean adultos y adultas “coeducados y coeducadas”.
  3. Hay que tener un especial cuidado con la televisión. Las series e incluso los dibujos continúan trasmitiendo valores diferentes para los niños y las niñas, reforzando así estereotipos sexistas. Mención aparte merecen los videojuegos en los que los personajes femeninos y masculinos suelen aparecer con unas características y capacidades absolutamente condicionadas a su sexo. La fuerza, agresividad… es atribuible a los personajes masculinos, mientras que los femeninos aparecen como un mero adorno o, en el caso de tener el protagonismo, con una imagen absolutamente incitadora y provocadora.
  4. También debemos estar atentos al lenguaje que usamos. Hay varios errores en el uso del lenguaje que nos pasan inadvertidos a causa de lo común y habitual de su uso: ¿no sería más correcto hablar de la ciudadanía que de ciudadanos?. Es un término incluyente. En el entorno de la familia, también hay ocasiones en que invisibilizamos a través de nuestras expresiones a las niñas. Llamamos a comer con un “niños, la comida está lista”. Éste sería un caso en que la forma externa trasmite cierto sexismo. Sería más correcto llamar a nuestros hijos por su nombre: “María, Luis, a comer”.
  5. Otro aspecto de la dinámica familiar a analizar es la asignación de las tareas en función del sexo. Son frecuentes expresiones del tipo: “mi marido me ayuda mucho en casa” en las que de forma implícita la mujer asume el protagonismo y la carga más importante de la actividad doméstica y el hombre tiene un papel secundario, de apoyo. En este ambiente, lo más probable es que las niñas conforme crezcan vayan asumiendo más tareas y responsabilidades que los niños y que, cuando lleguen a ser adultos, se impliquen menos en esas mismas cuestiones, trasmitiendo a sus hijos las mismas consideraciones sexistas que ellos aprendieron.
  6. Otra posibilidad, igualmente negativa, es la atribución de determinadas funciones a la mujer y otras al hombre. Así por ejemplo, el hombre suele bajar la basura, hacer la compra mensual, recoger a los niños o reparar los desperfectos del hogar. Todas ellas actividades asociadas a habilidades o capacidades entendidas como masculinas: fuerza para cargar peso, destreza para conducir, inteligencia y habilidad…
  7. Como padres y madres, seguro que esperamos los mismos éxitos para nuestras hijas y nuestros hijos pero lo cierto es que, sin darnos cuenta, les damos un trato diferente e incluso tenemos unas expectativas diferenciadas. En el día a día, y sin ninguna intención negativa, vivimos situaciones asimétricas de las que muchas veces no somos conscientes. Ejercitarse en detectarlas y paliarlas convierte a nuestras hijas e hijos en personas con las mismas posibilidades y opciones. (fapar.org.)